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Raramente estamos atentos a nuestra presencia.

Pasamos la vida acompañados de un ruido de fondo producido por el incontenible flujo de nuestros pensamientos involuntarios.

La dolorosa incomodidad que nos produce éste ruido nos afecta y condiciona tanto mental como emocionalmente, predisponiéndonos a vivir de forma conflictiva las situaciones que se nos presentan en la vida cotidiana.

La alteración que nos produce este ruido perturbador es fuente de infelicidad y sufrimiento. Perdemos energía; flexibilidad; tendemos a ver las cosas negativamente; nos enojamos fácilmente, perdiendo habilidad para manejar los retos de la vida.

En alguna oportunidad éste incómodo ruido se detiene proporcionándonos una sensación de alivio. En otras ocasiones buscamos aliviar el dolor que nos genera en el alcohol, la comida, el sexo u otras actividades que me ayuden a anestesiarlo.

El ruido interno que nos provoca la divagación no solo nos irrita sino que nos hace estar a disgusto con nosotros mismos.

Por lo dicho practicar la higiene mental al vivir atentos intencionadamente al presente es una responsabilidad personal con la propia salud y por extensión con la de todos.

Esteban Rojas

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