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#Preguntas para #autobservarme y #aprender de mí.

¿El tiempo es una ilusión del pensamiento?

De Esteban Rojas

Es preciso aclarar que el misterio para la Física sobre la naturaleza del tiempo no invalida la experiencia humana del mismo, el tiempo psicológico. Compañera inseparable en la historia del hombre, el tiempo, ha sido determinante para interpretar y dotar de significado su vida. El tiempo como poderosa visión ha condicionado y modelado todas las culturas humanas a lo largo de nuestra historia. Conceptos como el pasado, presente y futuro han constituido coordenadas para el conocimiento del devenir y la transitoriedad que han moldeado a lo largo de nuestra historia la cultura humana que podríamos calificar también, como la «cultura del tiempo».

No es indistinto lo que veamos y como lo veamos. Las visiones orientan nuestras vidas y las culturas de nuestras sociedades. La visión del tiempo como destino de los griegos modelo su cultura y orientó sus pasos. La visión de esperanza del judeocristianismo puso como referencia a la expectativa de redención en el futuro, más allá del presente vivo. La visión mecanicista de Newton, que subordina el hombre al tiempo ha modelado la cultura de las sociedades hijas de la revolución industrial, generando ansiedad y estrés en sus pobladores.

Frases tan familiares y recurrentes en nuestras sociedades como «time is money», y «do it now», orientadas a movilizarnos hacia una feroz competencia por los recursos o las oportunidades, dan una medida de la actual percepción que tenemos del tiempo, como variable controladora de nuestra transformación. Un tic – tac mecánico, y además externo a nuestra naturaleza va siguiéndonos los pasos en interminable y estresante persecución. Lo curioso de esta situación es que el tiempo, una magnitud subjetiva e ilusoria termina tomando las riendas y con ellas el control del único recurso que tenemos realmente posibilidad de controlar (nuestras propias vidas).

Cualquier cambio cultural profundo que nos planteemos asumir, conllevará una visión del tiempo que condicionará nuestra vida.

Aristóteles, hace 2400 años atrás, valoró en su tratado sobre la Física, a la experiencia humana del tiempo como a una gran paradoja, donde nuestra experiencia del tiempo como pasado, no existe, y la experiencia del futuro, aún no existe todavía. La visión de lo que nos sucede en términos de pasado, presente y futuro es solo una representación de nuestra mente.

El tiempo no existe, es solo una ilusión de nuestro pensamiento. Tiempo y pensamiento son indisolubles.

Cuando nos identificamos con el pensamiento nos dejamos atrapar por la ilusión llamada tiempo.

Usar calendarios, relojes o agendas tiene sentido para organizarnos dentro de la cuarta dimensión, y planificar con eficacia un viaje de un sitio a otro por ejemplo, sin embargo no justifica el terminar condicionando nuestra existencia por el tiempo pasado y cifrar nuestras vidas en desear el futuro que no existe, dinámica que tanto sufrimiento y dependencia sicológica genera.

Es solo el hombre quien ve en su mente el espejismo de una historia pasada que experimenta de forma viva, así como de una visión del futuro en el que experimenta temor o esperanza. La experiencia humana del tiempo anterior y posterior, el tiempo psicológico, es solo una ilusión individual. Dos personas que compartan una travesía en barco seguramente tendrán una apreciación distinta de la duración de la experiencia, que dependerá no solo de sus diferentes cualidades personales, sino de sus diferentes condiciones mentales a lo largo de la travesía. La duración del tiempo como experiencia humana es individual y subjetiva. Aceptar esta revaloración del tiempo en términos sociales y educativos puede constituir una profunda transformación para la cultura humana

La vida reside en el presente, más allá de la ilusión mental del tiempo. Atender nuestro presente nos conecta con nuestra vida real, con el movimiento de la vida.