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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Esteban Rojas

 

El pensamiento que es una herramienta extraordinaria proporcionada por la evolución, está viciado en su uso por un modelo heredado por vía de la educación que ha ligado la vida humana a la ilusión del tiempo.

 

La mayor parte de nuestros pensamientos siguen la dinámica de aferrarnos a las experiencias del ayer para luego proyectarnos hacia lo que imaginamos está por venir. Del pasado al futuro y del futuro al pasado discurre la vida en un pendular ininterrumpido.

 

Las emociones acompañan cada acto imaginativo dando realismo, calor y color al espejismo. Poder evocar el pasado o prever el futuro a través del pensamiento a fin de aprender de nuestras experiencias o para ayudarnos a organizarnos proactivamente, no justifica vivir adheridos emocionalmente a la dinámica divagante que crispa nuestro pensamiento.

 

Este estado alterado de la imaginación nos desubica respecto al presente. Terminamos prestando mayor atención a lo que imaginamos que a lo que estamos viviendo en cada instante. Las emociones que acompañan a las imágenes del pasado y del futuro y que dan contenidos a nuestra divagación llegan a resultar en muchos casos más determinantes en nuestras reacciones que las emociones justificables a los estímulos que nos llegan del exterior.

 

Esto explica muchas respuestas que damos y que otros encuentran desproporcionadas. En su generación han gravitado más las emociones asociadas a imágenes internas que no las emociones asociadas a las imágenes que construimos a partir de lo que percibimos con los sentidos que nos conectan al exterior.

 

Evocando a Calderón de la Barca diríamos que desde esta forma de vivir…» la vida es sueño..», sueños de pasado y de futuro alejados de la única realidad donde la vida es un HECHO: el presente.

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