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#Preguntas para #autobservarme y #aprender de mí.

¿Vivo la sensibilidad y la armonía de atender al presente cuando atiendo sin resistir al flujo de mi vida?

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

El flujo de mi vida puede traerme dolor, sinsabores, engaños, dificultades, compromisos, desafíos y un sinnúmero más de situaciones que normalmente nos inquieta enfrentar.

Así es nuestra vida con mayores o menores cuotas de estas circunstancias que, no bien enfrentadas, nos pueden sacar de una vida armoniosa y con sentido. Nuestra corriente ignorancia sobre la forma más sabia de enfrentar la vida, nos lleva a no aceptar estos escollos que el río de la vida pone en nuestra bajada hacia el mar. Hay remansos pero también hay turbulencias provocadas por un manejo inadecuado de nuestro navegar.

La vida es así y es iluso de nuestra parte esperar que los escollos no existan.

La práctca de la atención al presente no es otra cosa que una sabia manera de vivir la vida. Si vivimos atentos evitaremos resistirnos a lo que la vida nos trae. No evitaremos los escollos; los viviremos atentos para que no nos provoquen sufrimiento. Me permito poner algunos ejemplos para mostrar sin sombras lo que la atención al presente nos proporciona.

Como es natural, viviremos la muerte de nuestros padres. Es evidente que aquello nos será doloroso. Pero si estoy atento a la vida, la armonía y coherencia que de ella nacen harán que ese dolor no se convierta en sufrimiento por nuestra falta de aceptación de un hecho que sabemos que debe ser tal como es.

Un cercano amigo, profundamente molesto por un aparente error involuntario de mi parte y que en cierta medida lo afectó económicamente, se presentó en mi casa dejándose llevar por un genio duro que yo no ignoraba y me lanzó un rosario de improperios de los que naturalmente, supuse, se iba a arrepentir al día siguiente cuando se confirmara que no había tal error. Todo lo sucedido y lo que se podÍa esperar de nuestra relación era de mi conocimiento y nada me sorprendió. Mantuve la calma y lo despedí en la puerta de mi casa consciente de que, fuera o no fuera realmente un error de mi parte, lo iba a tener de nuevo por allí para reconciliarnos.

Mi sensibilidad no estaba dormida. Por el contrario, estaba muy consciente de que todo aquello formaba parte del flujo de mi vida. ¿Porqué entonces iba a reaccionar y resistirme a algo que era como debía ser?

Son dos simples ejemplos de que una vida, aunque sabida difícil, puede transformarse en una armoniosa y sensible si nos mantenemos atentos a su flujo.