Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

Muchas personas están cansadas de la vida que llevan, o de cómo se sienten. Se vive agitado, por dentro y por fuera, con prisa, de un lado a otro, dominados por el tic tac del reloj. En esa vorágine, a veces uno se siente solo, a veces demasiado acompañado y con necesidad de quedarse entre paréntesis por un rato. Nunca bien del todo. Siempre con la impresión de ser esclavo de algo ajeno que mueve la propia vida. Con la casi seguridad de no poder bajarse de ese tren.

Solemos estar convencidos de que la forma en la que vivimos la vida es la única posible para nosotros. Nos resignamos a vivir a medias, sin ser dueños de la propia vida. Aceptamos y compramos ese sucedáneo de vida que consiste en:

Ruido interior, vida automática, actuar por impulsos, inseguridad sobre mi sitio en el mundo, estar pendiente de dejar una buena impresión en los demás, buscar el afecto, la aceptación, la admiración o el temor de los demás, ansiedad por llegar a algo más, huir de lo que nos desagrada, perseguir no sufrir, buscar el lugar o la compañía milagrosa que me haga feliz…

Una vida que gira alrededor de la búsqueda del placer que arrastra como un tornado.

En momentos de agotamiento por estos mismos excesos, muchos buscan bajarse del tren por un tiempo, y para eso se buscan lugares exóticos que visitar, se coleccionan nuevas e impactantes experiencias q recordar y compartir, se sumergen en esperanzas de futuros mejores. También se acude a la anestesia mediante la bebida, el sexo, el juego de riesgo, las fiestas sin otro motivo que el de no escuchar el cansancio, el vacío y la ansiedad.

Cuando se han intentado muchas cosas y siempre se regresa a la casilla de salida, se cree, con cierta razón, que eso es lo único que hay, por absurdo que parezca. En nuestro lenguaje habitual se escucha hablar de la propia vida con frases como “no hay más nada que esto”, “esto es lo que hay”, “pasando días del almanaque”.  Y se dice con un dejo de resignación ante algo que no es lo que se esperaba. Como si en algún momento anterior, se hubiera soñado con una vida diferente, plena, gozosa, sencilla,  sin tanta agitación, estrés y ansiedad.

¡Esa vida mejor existe! ¡Esa es la buena noticia! Y, además, ¡es gratis!

Mucho de lo desagradable que nos sucede en nuestra vida mecánica , lo provocamos nosotros mismos: la ansiedad, el perseguir más y más cosas, el lamento y la frustración, el temor a sufrir, los celos, envidia, resentimiento, resignación y tantas cosas más.  Todo eso nos pasa por ir como zombies hipnotizados tras estímulos de colores brillantes, sin saber por qué.

Sin embargo, vivir así no es necesario ni obligatorio. Para hallar la solución a un problema hace falta conocerlo a fondo.

En este caso el problema somos nosotros, por lo que hay que estar muy atentos, alertas a la vida que llevamos y llegar a conocerla y conocernos en profundidad. No en plan intelectual, no interpretando mi vida, sólo observando lo que siento y lo que hago, y los motivos reales que me animan.

Despertar a la vida no es un sueño, es cosa de atención. Seguro que te parece poco. Házlo.

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