Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile.

Mientras más profundamente te conozcas más profundamente conocerás a los demás. Es un hecho que entenderás lo que percibas en ellos como formas similares a las que tú conoces en ti. Si te percatas por tu autobservación que reaccionas con cierto enojo cuando lo que te dicen te desagrada, reconocerás esa misma reacción en los demás en similares condiciones. Si observas, entiendes y aceptas en ti aquello a lo que antes te resistías, te nacerá natural tu aceptación de aquello mismo en los demás. Esto no me lo ha dicho nadie, lo he vivido y por eso lo puedo afirmar con seguridad.

 

Adicional a que tú vives con paz interior gracias a que has aprendido a evitarte los malos ratos que te producían tus propias reacciones, ves a los demás de igual forma y mejoran sustancialmente tus relaciones y dejas de sentirte separado de los demás. Es más, me atrevería a afirmar que los demás dejan de serte indiferentes.

 

Cuando experimentas una realidad con atención te identificas con lo que experimentas. Ves con atención un bebé y te identificas con su belleza y su gracia; observas un arrobador paisaje y eres el paisaje; te sumerges en un agua limpia y refrescante, la sientes con total atención, te haces parte del agua. Tu eres lo que sientes y vives atentamente. Somos lo que experimentamos.

 

Nuestras vidas son en relación con los demás. Nos influenciamos unos a otros en cualquier condición y mucho más intensamente cuando las relaciones funcionan sobre la base de una vida atenta y consciente de lo que realmente somos todos y cada uno de nosotros. Nos entregamos con alegría y recibimos con la misma alegría lo que los demás nos entregan.

 

La consecuencia conocida de una vida atenta es que nos hace sentir que en realidad cada uno es nosotros.

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