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¿Solo SIENTO PAZ cuando CESA mi APEGO a mis JUICIOS?

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

Ya sabrás por otros comentarios de esta sección que somos dados a defender nuestros juicios y opiniones como a nuestra propia vida. Y es que lo sentimos así. Los pensamientos en forma de juicios, opiniones o creencias son para nosotros como un brazo. No queremos perderlo por nada del mundo.

Creo que fue el emperador Marco Aurelio quien dijo “Serás feliz cuando dejes de opinar”. Suena rarísima esta sentencia en estos tiempos en que damos al pensamiento un gran valor. Aunque en realidad lo que importa es sentirnos seguros y fuertes en una postura. Por eso no damos el brazo a torcer.  Ceder está considerado de débiles y nosotros no queremos eso!

Hay tantos juicios como personas. Los juicios no son de fiar porque no solemos ser serios en su fundamentación, sobre todo porque nos conformamos con dos pequeñeces para sustentarlos.

Dado que usamos los juicios como armas es difícil que el apego a ellos nos lleve a algo distinto del conflicto.

Obsérvate cuando opinas y haces juicios. Observa el fundamento de esos juicios y lo que persigues con ellos. Suelta ese apego y deja que se amplíen, se cambien y todo lo que haga falta para que esos juicios al menos se acerquen lo más posible a los hechos. Pero lo mejor es que juegues a no hacer juicios y pruebes lo que sientes. ¿Será algo parecido a la paz?

Prueba.