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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

Esta es una pregunta muy seria toda vez que la violencia en el mundo es definitivamente el problema más serio que la especie humana está experimentando.

Es evidente que debemos preocuparnos de encontrar la causa de la presencia de la violencia en nuestra vidas. Doy por descontado que acepto que no estoy libre de violencia y por tanto corresponsable de su existencia en la humanidad. El sólo hecho de considerar que soy distinto a los violentos, que no te comportas de manera violenta con nadie, que no te identificas con la violencia, que eres distinto a ese tipo de gente, ya está en tus pensamientos, en lo que crees que eres, que eres diferente; ya dispones de la semilla de la violencia. Eres violento cuando crees que estás separado de los demás, que no eres como ellos.

La competencia, lo separación, la violencia nace del solo hecho de creer o pensar que no eres como los demás, que perteneces a una clase distinta de especie viva. Nuestra real esencia es que SOMOS y en ello no hay diferenciaciones. Toda diferenciación que creas existe en los que somos es porque de alguna manera te estás identificando a ti mismo con una característica no esencial de lo que somos. Todo pensamiento o creencia en ese sendero de diferenciación es violencia o semilla de violencia.

Sentirte separado de la humanidad, que es como nos sentimos habitualmente, es una contribución a la violencia y si deseas que aquella no esté presente en el mundo, cuida de no mantenerla en cómo convives contigo mismo.

No puedes dejar de convivir contigo. Estarás contigo mientras vivas. Por lo tanto la primera separación que has de evitar es la que mantienes contigo mismo. Ponte atención, obsérvate y percátate de que con más frecuencia de la que te gustaría, estás introduciendo violencia en tu pensar y accionar hacia los demás y hacia ti mismo.

Si el hombre se percatara de que permanentemente es violento, la violencia empezaría a disminuir como sucede con todo aquello evitable de lo cual nos hacemos conscientes y aceptamos nuestra responsabilidad.