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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

No hay nada más enriquecedor en la vida humana que la observación. Observar con intencionada atención es la forma en que hemos aprendido todo lo que sabemos. El ser humano tiene una capacidad maravillosa en la observación.

 

Sin embargo, en muchos casos, por no decir que en la mayoría de ellos, la mal usamos de muy diferentes formas. Observamos pero con atención marginal o nula. Podemos observar cualquiera sea nuestra actividad al hacer, pensar o sentir. Podemos observar lo que vivimos o experimentamos sean actividades reflejas o intencionadas. La condición necesaria para aprender de la observación es que nos sea consciente, que nos demos cuenta en algún grado de que estamos observando y lo que estamos observando; darnos cuenta que estamos sintiendo y lo que estamos sintiendo.

 

A mayor atención aplicada en la observación, mayor es nuestro aprendizaje. La metodología del aprendizaje, conocida desde los orígenes de la humanidad, sugiere que a mayor participación en la actividad de observación, mayor aprendizaje. Y a mayor agrado en la observación, más adecuada parcipación en la observación.

 

Si tengo interés en saber de mi, conocerme, objetivo indispensable para una vida con sentido, necesito una alta cuota de autobservación, de conocer mis experiencias interiores frente a todo lo que me trae o me ha traído la vida. Debo necesariamente aplicarme al aprendizaje de mi mismo. Y para que el aprendizaje aporte a la vida, es indispensable una actitud de aceptación de lo que observo. Resistirme a lo que observo no sólo no es un buen aprendizaje sino que aporta malestar, enojo, menosprecio, vergüenza, etc., todos ingredientes que amargan la vida.

 

La felicidad que potencialmente encontramos y experimentamos en muchos momentos de nuestras vidas, requiere que nos conozcamos y nos aceptemos como descubramos que somos.

 

 

 

 

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