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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

 

Nuestra honestidad es sometida a prueba muchas más veces que aquellas en que escasamente nos damos cuenta. Ser auténtico con lo que uno realmente es, es la prueba más frecuente de nuestra honestidad.

 

Es corriente que nos consideremos auténticos porque actuamos reaccionando a lo que nos sucede con respuestas automáticas e instintivas. Hasta algunos animales que conviven con nosotros ya han aprendido que las buenas relaciones son muy necesarias para la vida en relación y han aprendido a controlar aquellas reacciones inconscientes que les resultaban naturales. El hombre no ha terminado de entender que mantener buenas relaciones con los que conviven con nosotros no sóleo es de tremenda importancia para una vida en armonía sino que es una necesidad vital por nuestra interdependencia. Necesitamos de los otros y los otros nos necesitan.

 

Ser auténticamente honestos con lo que somos es la forma en que somos realmente “auténticos”. No es perogrullo; la autenticidad siempre encuentra y muestra la realidad de lo que uno es ante sí mismo y ante los demás. Con el primero que tenemos que se auténtico es conmigo mismo. Si tras la observación de mi mismo encuentro algo que no me agrada, no me debo resistir a esa realidad, la acepto como parte de mi ser y sigo atento a la vida. No es que me dé lo mismo, simplemente lo sé y me acepto. No me arruino la vida con el inútil rechazo de lo que soy.

 

Y he aquí el gran secreto de la vida atenta: lo sabes, atiendes a ti mismo y lo no resistido deja de ser tu si es modificable o te aceptas como eres si no lo es.

 

¿No me crees? ¡Qué bien! Porque si eres auténtico realmente deberías probarlo tu mismo y no simplemente creerme. ¡Pruébalo y ya lo comprobarás con tu propia atención intencionada!

 

No resistirte a lo que te da la vida es ser realmente honesto con lo que vivo. No te resistas, conócete y vive con alegría.