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¿Los sentidos perciben lo que el pensamiento interpreta?

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

La música que escuchamos, aquello que vemos, la textura de lo que tocamos… ninguno de estos estímulos que entra por los sentidos tiene en sí un valor, nada es bueno o malo. Sin embargo este proceso de percibir, es seguido de procesos de estructuración e interpretación.

Seguro que te has dado cuenta de que cuando ves algo pero no logras comprender o reconocer lo que es, tu cerebro no para hasta dar con algo que se parezca. Además de estructurar unas manchas como la cara de mi abuelo o unos sonidos como la canción de moda, solemos también hacer algo más.  ¿Se te ocurre qué haces?

Hacemos suposiciones o valoraciones sobre eso que vemos, escuchamos, tocamos…  Así puedo tras reconocer la cara de mi abuela en una foto borrosa empezar a suponer cosas de ella o de su época y a interpretar y dar importancia a ciertos detalles de ella o de su vida.

De la misma manera hacemos con casi todo lo que llega a nosotros. Lo percibimos, lo reconocemos o no,  y luego interpretamos a la luz de nuestra personal perspectiva. Y esta perspectiva debemos tener claro que es fruto de una mezcolanza de valores que hemos aprendido en nuestra vida y que en absoluto corresponden a la esencia de lo que estamos percibiendo.

Necesitamos tomar perspectiva y ver que esto que acabamos de entender tiene consecuencias muy importantes. Si me he explicado bien, habrás comprendido que una cosa es lo que percibes, algo bastante neutral, y otra cosa es lo que interpretas, que sólo tiene que ver contigo.

Así que ojo con tus interpretaciones, suposiciones y valoraciones porque esas se las damos nosotros al objeto, pero no pertenecen al objeto. Si nos damos cuenta de esto en profundidad nos evitaremos bastantes malos ratos, decepciones, desengaños y tantas cosas más.

Proponte hoy observar este proceso en ti. Cuando veas a una persona que llame tu atención, o cuando alguien o algo te exaspere, te enoje o te alegre. Detrás de eso hay un proceso que podrás reconocer.

Nuestro malestar o bienestar no está dado por los hechos, sino por lo que interpretamos de los hechos.