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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

 

Nuestro cerebro es realmente maravilloso y sus manifestaciones en nuestra mente lo son aún más. La ciencia aún no termina de conocer o comprender lo que esa realidad nuestra es capaz de hacer.

 

Entre otras cosas un cerebro normal posee una curiosidad natural y exigente desde nuestros primeros momentos de vida. De pequeños esa curiosidad es exquisita y a los padres nos llena de amor esa viveza inquieta que todo lo quiere saber.

 

Con los años esa curiosidad suele adormecerse tras la creencia de que lo sabemos todo porque lo hemos estudiado o porque nos han hecho creer que debemos seguir a quienes dicen poseer la única verdad.

 

Lo exterior a nosotros ha sido estudiado desde hace mucho tiempo por la ciencia la que ha aclarado muchas de las creencias que se nos imponían; pero falta mucho por terminar de conocer sobre la realidad de este maravilloso universo.

 

De nuestro interior, nuestra mente, lo que somos, sobre el cómo actuamos, cómo sentimos, los dolores y los sufrimientos que nos autogeneramos, desconocemos prácticamente todo. Y paradójicamente, es lo que más requerimos saber para lograr una vida plena y con sentido.

 

¿Qué ha pasado con nuestra curiosidad natural como para que estemos perdiéndonos lo mejor de nosotros al no conocernos íntimamente?

 

Nos hemos dejado llevar por una rutina fácil que consiste en actuar automáticamente frente a lo que nos presenta la vida, aceptando lo que nos agrada y resistiéndonos a lo que nos desagrada. No nos interesamos en buscar y encontrar la forma en que podemos atendernos y proporcionarnos la armonía, la coherencia y el sosiego que nos brindará una vida curiosa y atenta a lo que vivimos en nuestro presente.

 

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