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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

 

Cada vez que nos distraemos de lo que estamos haciendo, pensando o sintiendo salimos de nosotros mismos y del momento que estamos viviendo. Estamos en tal caso, ausentes de nosotros mismos.

 

Es tan corriente esa manera de distraernos que muchos piensan que es la forma normal de vivir. Algunos creen que es una forma de vivir sin esfuerzo y consiguiendo que el tiempo pase porque la vida que llevan no vale la pena. Mientras más entretención encuentre en la vida, mejor lo paso.

 

Es importante lo que estoy mencionando. No lo mires como una simple diferencia de opinión y que cada uno puede hacer lo que quiera en su vida. Lamentablemente es cierto que cada uno puede gastar su vida de la forma que se le antoje. Nada puedo oponer contra esa realidad. Es así de brutal la realidad que vivimos. Se nos da la vida y yo puedo arrojarla a la basura viviéndola de la forma que mejor me parezca. Es así como puede transcurrir una maravillosa vida si quien la vive no se percata de su ignorancia y consecuente estupidez.

 

Lo que sucede es que lo natural en nuestro desempeño en la vida es vivir en forma automática reaccionando a lo que se presenta ante nosotros según nos agrade o desagrade. Si me gusta lo que siento o percibo, lo dejo estar y si no me gusta lo que siento o percibo, me resisto a su existencia con las conocidas emociones negativas y soportando un sufrimiento porque nada ha cambiado de aquello que me desagrada. Todo ello es evitable pero no cuando vivo ausente de mi vida.

 

El balance de una vida ausente de nosotros mismos arroja una saldo muy negativo toda vez que la vida está, por lo general, plena de asuntos que no nos agradan y no siempre podemos evitarlos, más bien, nunca podemos evitarlos. Nuestra capacidad de distracción no es suficiente para que no nos encontremos frecuentemente con situaciones que nos perturban y a las cuales no podremos evitar.

 

Resumamos. Vivimos ausentes de nuestra vida porque queremos evitarnos el esfuerzo de ponernos atención y para lograrlo nos distraemos con lo primero que nos permita no sentir lo que no queremos sentir.  Cuando no logramos distraernos nos encontramos con el sufrimiento que genera nuestra vida ausente.

 

Ponerte atención es tan simple como ponerle atención a lo que miras en el televisor que se mantiene encendido frente a ti. Ponte atención sintiendo, como medida de aprendizaje, lo que entra por tus sentidos, por ejemplo, o a tu respiración, o a tus pies o piernas al caminar, o a tus manos cuando acarician o son acariciadas, cuando disfrutas de algún bocado, cuando das un abrazo. Tienes miles de oportunidades para aprender a estar presente en tu vida. Lo que en realidad estás aprendiendo con esa práctica inicial es a autobservarte. Te será muy sencillo pasar de esa práctica inicial a la autobservación de lo que sientes en tu interior: tus emociones, tus molestias, tu estado de ánimo, tus sentimientos, tus inquietudes, descubrirá el origen de lo que te perturba.

 

Has aprendido a vivir tu propia vida, estás presente en tu vida y podrás aprender a administrar tus momentos. Podrás manejar con facilidad tus pensamientos que te llenan de recuerdos dolorosos, o de angustia por lo que temes.

 

La autobservación es la forma más sabia conocida para vivir una vida plena. Si la autobservación es el final de tu ausencia de la vida, entonces te permite estar presente en tu vida y reemplazar las reacciones automáticas ante la vida reemplazándolas con reacciones conscientes que te reportarán armonía, coherencia y sosiego.

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