Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

 

Cuando me enfado, cuando me lamento, cuando me entristezco, cuando estoy resentido –todas estas son formas de resistirme a la realidad-,  no importa lo que esté viviendo, siempre me parece que hay motivo suficiente para sentir lo que siento.

Y ante esta certeza siempre hay argumentos con los que justifico y, muchas veces, refuerzo lo que siento. Si reacciono a algo con el enfado, es porque esperaba que las cosas fueran de otra manera.

Rara vez dudo de tener razón en mis argumentos. Considero que mis reacciones tienen total fundamento. Es este un curioso proceder, en el que automáticamente nos aparecen justificaciones de todos los colores, y cuanto más nos revolvemos en nuestra emoción, más floridos e intensos salen los argumentos.

Y ¿tenemos siempre razón? No. Lo que hay es una reacción de dolor por lo que no salió como yo quería.

Veamos este punto más lentamente:

Yo quiero, deseo o espero que las cosas salgan de una cierta manera y cuando esto no sucede, me enojo, me lamento, me pongo triste, sufro, etc. O sea, que siento dolor por la frustración de mi expectativa. Preguntémonos si acaso puedo controlarlo todo como para que mi vida (que depende de infinitos factores) sea como imagino que debe ser. Supongo que estás diciendo que no puedes controlarlo todo. Bien, entonces, si no queremos sufrir ¿cuál te parece que sería la actitud más adecuada ante los movimientos de la vida?

¿Quizás creyendo menos en mis expectativas? ¿Estando abierto a que uno tiene sus preferencias, pero controla poco en realidad? ¿Teniendo sentido del humor y no tomarse a sí mismo tan en serio? Hay muchas respuestas posibles.

Lo seguro es que si vivimos resistiéndonos y sufriendo como un niño pequeño al que le han quitado el juguete, perderemos la oportunidad de ser felices. Suelta tus expectativas, sólo están en tu cabeza, no en la vida.

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