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​¿Soy mi EGO?

Contribución de Isabel Hernández Negrin de Las Palmas de Gran Canaria, España

Y primero ¿qué es mi ego?  Podríamos decir que hay un conjunto de características con las que yo me reconozco: mis hábitos, lo que me gusta y lo que me disgusta, mis pensamientos o ideas sobre tantas cosas, mis emociones y estados de ánimo, mis reacciones, mi imagen física, mi imagen ideal de mí, mi educación, mis talentos, mi familia, mi status de todo tipo, mis ideales, mis imágenes de futuro,… , en fin con todo mi pasado. Con todo eso y más yo me reconozco como un individuo y creo un concepto de YO. Y a partir de ahí el Yo suele convertirse en el dueño de mi vida. ¿Suena raro esto? El yo es tan invisible para nosotros como el aire que respiramos y, sin embargo, no podemos vivir sin él. Sin un YO tampoco sería posible vivir. Nos es útil para movernos por el mundo y reconocer cosas y comparar y proyectar y saber dónde estoy y lo que quiero…

Sin embargo, cuando dejamos sólo a eso que llamamos yo, ese grupo de procesos mentales trabajan sin dirección, como una orquesta sin director.

Cada cual toca el instrumento que conoce y no va a parar de hacerlo. Así nuestro pensamiento, sin rumbo, no va a dejar de pensar en cualquier cosa, nuestras tensiones físicas o mentales no van a desaparecer, nuestro estado de ánimo de fondo cristaliza y se eterniza, nuestros impulsos buscarán ser siempre satisfechos, y así siguiendo. Nadie dirige el tráfico en nuestro interior y nunca hay paz. Es como una ciudad caótica, aunque te creas que lo tienes todo controlado.

¿A sueldo de quién trabaja ese yo? Pregúntate. ¿Será a sueldo de la satisfacción y la seguridad? ¿Qué busca? No sentir nada desagradable y tratar de tener todo controlado y poder relajarse y sentirse seguro.

¿Tiene alguna consecuencia funcionar así? ¿Si yo no sé cómo poner orden en mi casa interior quien gobierna? El temor. El temor a pasarlo mal y el temor a la incertidumbre.  El temor nos gobierna. Y ese yo, que es un empleado fiel, siempre quiere protegernos de toda amenaza o sufrimiento. Y es tan dedicado a su trabajo que todo lo que ve, siente o hace lo hace para que tú estés bien. Es decir, lo que para cada cual sea “bien”. Aunque constantemente se le pasa la mano y busca culpables en los demás, te hace sentir perfecto o te hace sentir víctima de algo,quiere que se le obedezca y se acaten sus ideas… busca en ti cuantas cosas haces tú para tu satisfacción y seguridad, aunque siempre ese yo te diga que lo haces por los demás!! Te suena esto?

De esta manera, sin otra dirección mejor, el yo, el ego, te acapara y te sobreprotege y a veces hasta te asfixia en tus temores y preocupaciones.

Y recuerda, no verás al ego, es como el aire que respiras, como el agua para el pez. Por eso uno se convierte, se reduce a su ego. 

Y normalmente así vive todo el mundo, viendo el mundo desde su ego protector. Muchas veces no es agradable vivir espoleado por el temor y la ansiedad, pero ese ego te acompañará y gobernará hasta el final.

A menos que….  ¿Puedo ser algo más que ese ego?