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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

 

¿Doy por buenas y verdaderas mis creencias y supuestos? Por lo general, sí.

¿Qué me sucede si en una conversación alguien manifiesta ideas o creencias muy alejadas de las mías? El tipo de respuesta queda matizada por la personalidad. La persona apacible no hará polémica, pero tampoco examinará  seriamente los argumentos del otro. Sencillamente, no les dará ningún crédito. Si la persona es más fogosa e impulsiva estará dispuesta a discutir y defender su creencia frente a aquello que se le oponga.

¿Cómo respondes tú ante algo que va contra tus creencias? ¿Preguntas y te interesas sin prejuicios? ¿No te molestas, pero tampoco le prestas mucha atención además de considerarlas equivocadas? ¿Tratas de explicar la tuya y de hacer ver que tienes razón?

Cualquiera sea la respuesta, suele haber un apego importante a mis creencias. Son como mi familia. Son algunos de los pilares en los que se soporta mi vida, mis criterios, mis juicios. ¿Qué seríamos sin juicios!?

Según lo que creo, así juzgo. Y lo juzgamos todo. Las creencias y los juicios tienen pocas opciones: algo es bueno o es malo. Por esto, cuando algo está alejado de mis creencias, casi automáticamente, me pongo alerta y juzgo que eso está mal, que está equivocado. 

Se trata de nuestro sistema automático de defensa. Aunque no nos demos cuenta, nos defendemos de cualquier idea o creencia “rara” que  pueda causarnos un daño, una duda, una inseguridad. Es por esto por lo que me enoja que me contradigan.

Y tú ¿has observado lo que te sucede en esos casos?

Si entendiéramos este mecanismo defensivo tan automático ¿podríamos bajarle el crédito a nuestras creencias? ¿Nos relacionaríamos mejor o peor? ¿Aprenderíamos más o menos?

Observa sin juicios lo que te sucede.