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¿Solo Yo puedo proporcionarme PAZ interior?

Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

No sé si ustedes han visto uno de esos programas de TV donde arreglan casas. Muchos propietarios de casas quieren vender su casa porque piensan que la casa se ha quedado pequeña para ellos. Llaman a alguien que hace un buen arreglo y, cuando entran, se dan cuenta de que la casa está estupenda y que quieren y pueden quedarse en ella.

No necesitaban algo más grande, solo tenían que poner orden y hacer algún cambio de tabique y listo! Pero la ignorancia y la pereza pueden llevarnos a la confusión y hacernos pensar en la necesidad de una nueva casa. Lo que quiero es huir del malestar que me produce vivir en esas condiciones y por eso pienso en la solución rápida de vender y comprar otra nuevita, mayor y ordenada.

Algo así nos sucede con nosotros. No nos sentimos tranquilos y pensamos que en otro sitio me darán la solución. Buscamos un médico, un gurú, un amigo, que nos dé una salida. Nos cuesta ver nuestro desorden y tampoco vemos que es algo que nosotros mismos debemos arreglar.

Al no ver nuestro malestar como algo propio que puedo solucionar, buscamos causas fuera y buscamos soluciones fuera. No quiero decir que no haya situaciones que sean en sí misma complicadas. Lo que quiero decir es que no nos cuestionamos lo que ponemos de nuestra parte para sentirnos tan mal en ciertas ocasiones o frente a determinadas situaciones. Esto nos lleva a pensar que es la situación o los demás lo que deben cambiar y no yo.

 Conozco a personas que se niegan rotundamente a considerar que ellas, con su actitud agravan su malestar o incluso causan respuestas desagradables en otros, que nos devuelven la impresión de que el problema son ellos o la situación. Atrapados en este círculo vicioso nos sentimos impotentes y hasta deprimidos por creer que no podemos hacer nada.

Volviendo a la metáfora de la casa que se nos queda incómoda, vivimos sin querer abrir los armarios y sacar lo que ya no sirve y ordenar adecuadamente lo que aún es útil. Nos cuesta mover de sitio los muebles y adecuarlo a nuestras necesidades porque poco a poco nos hemos acostumbrados a ver las cosas así, y nos parece que otra cosa sea posible. Aunque parezca un contrasentido, nos cuesta deshacernos, desapegarnos de tantas cosas. Lo mismo que con nosotros mismos y no percibimos que podemos ser de otra manera, pero sólo si abro mi armario interno y saco y veo lo que hay.

Nuestras actitudes, todas, nos sitúan ante el mundo y ante nosotros mismos de manera favorable o desfavorable. Nos ayudan o nos arrinconan. Ellas forman el 50% de nuestro malestar, como cuando me niego a aceptar unos hechos irreversibles: encontrarme solo; un fallecimiento de alguien importante para mí; el fin de una relación; la pérdida de un trabajo; una reunión tediosa; problemas que tenga con un familiar; una enfermedad; el envejecimiento; las conductas de los vecinos o los ciudadanos o cualquier otra cosa.

Hay más elementos que podríamos considerar como agentes propios de nuestro malestar, como tantos juicios que hacemos, nuestras interpretaciones sobre lo que vivimos, la identificación o aferramiento a lo que creemos, etc.

Ahora sólo quiero apuntar a que la paz siempre implica un mirar sereno hacia dentro. Desanudar las ataduras que nosotros mismos nos hemos creado es fuente de liberación y paz. Nadie puede venir a arreglar nuestra vida, esa es nuestra responsabilidad y nuestra suerte, pues esto pone en nuestras propias manos la solución. ¿No te parece?