Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

 

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

 

En las charlas con asistentes a los cursos sobre Atención al Presente, me encuentro con muchas, mayoría, de personas que muestran lo habituados que estamos a pensar que el aprendizaje  conlleva necesariamente forzamiento, cambiar lo “malo” por algo “bueno”.

 

Esto implica obligación y censura. Tomamos cualquier aprendizaje como si tuviéramos que tomar una cucharada de un jarabe de mal gusto, pero necesario para mejorar. Eso conlleva forzarme a hacer algo. Forzarme significa, en el fondo, un grado de violencia. Por otro lado, nos ponemos inmediatamente a ver qué cosas son las que hay que podar en nosotros mismos para llegar a ser, de alguna manera, aceptable a mis ojos o a los de los demás. Esto se suele hacer en base a localizar aspectos “malos” de mí. Eso también causa violencia interior.

 

De esta manera, consideramos que aprender consiste en disciplinarnos a seguir un camino que promete ser bueno.

 

Aquí no te proponemos eso, aunque quizás tú te lo sigas tomando así, porque es lo habitual.

 

Para aprender cualquier cosa no debe haber censuras ni forzamiento o voluntarismo. El aprendizaje debe ser algo gozoso. El gusto y el aprendizaje van de la mano. Cuando algo te gusta o invita tu curiosidad, se aprende sin necesidad de forzar o de censurar. Fíjate lo que sucede si quieres aprender a bailar un determinado estilo. Si te fuerzas por el motivo que sea, pierdes el gusto, pierdes la motivación original y se convierte en una obligación: vas a buscar el éxito y te juzgas torpe cada vez que algo no sale bien. Pero cuando lo haces por el puro gusto de hacerlo, con alegría, sin censura cuando algo no sale perfecto, entonces, aprendes mucho en poco tiempo.

 

Esa es la actitud para aprender a vivir atento a lo que hay: sin buscar un logro (hacerlo “bien”), cada paso es un fin en sí mismo (sin prisas por llegar a nada), sin juzgar en términos de avances o errores, siendo amable contigo,  observando los hechos (no juzgándolos o interpretándolos).  Cualquiera sea la edad de la persona, se aprende mejor así, como jugando.

 

Por eso, si quieres aprender a vivir de una forma más sana, te recomiendo que lo hagas bailando por el puro gusto de hacerlo. Aprenderás. Recuerda que hiciste muchos palotes antes de aprender a escribir y no es cosa de mortificarse por eso. ¡Aprendiste gracias a que hiciste tantos palotes! ¡Disfruta de cada palote!

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