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¿Podremos vivir en PAZ si lo que nos moviliza es el DESEO?

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

Ya hemos hablado aquí de lo que llamamos deseo y del ansia que lo acompaña en pos de la persecución automática de logros, grandes o pequeños, que nos devuelvan el placer de la victoria.

Ya imagino que muchos se preguntarán ¿entonces, tener una meta me hace perder la paz?

Tú mismo te podrás responder. Los planes con sus metas son algo necesario y no tiene por qué hacernos mal. Nos hacemos mal nosotros cuando utilizamos las metas como instrumento para lograr otra cosa. Un niño quiere ser un gran violinista porque ha asociado sus logros con el hecho de recibir el afecto y admiración de sus padres, familia, amigos, profesores. Cuanto mejor lo haga, más me quieren.

Si ese niño quiere tocar el violín solo porque le gusta y sus logro están ligados al aprendizaje y dominio cada vez mayor del instrumente, sin importarle que otros le aplaudan o le pidan que no haga tanto ruido, muy probablemente no estará persiguiendo un deseo que se cumplirá en el futuro cuando toque en un teatro, sino que estará disfrutando ya, con cada descubrimiento y mejora consciente que haga.

Un deseo no genera Paz; genera ansiedad y excitación. Si lo logro, bien, pero será efímero y eso me impulsará a desear otra cosa. Si no lo logro, frustración. ¿Ves que con ese enfoque siempre pierdes? El deseo nos aparta de la paz.