Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

 

Gabriela caminaba con su esbelta elegancia de siempre cuando me la encontré hace unos días en la calle. Nos saludamos cariñosamente como era nuestra costumbre. Al ver tan cercanamente sus ojos creí ver algo no habitual en su mirada.

  • Amiga mía, ya sabes que no me puedes esconder nada tras los años que te conozco.

Sonrió aunque no con toda la frescura de siempre.

  • Pepe, como siempre tu tratando de adivinar lo que estamos viviendo
  • Si, claro! Por eso son mis amigos. Les gusta que hablemos de estas cosas. El disfrute de la vida requiere estar presente para los amigos. ¿Qué te pasa?
  • No es nada, en realidad. Sólo que se me antojó hacer un viaje y tu sabes que cuando se me antoja algo, no paro hasta lograrlo.
  • No Gaby, no sabía que te pasaba eso. No me habría imaginado nunca que un asunto como ese, un deseo insatisfecho, afectara tu vida al punto que apagara el brillo de tus ojos. Eso pasa generalmente cuando uno se siente seriamente contrariado. Y un simple deseo insatisfecho no podría contrariar tu vida.
  • De qué me hablas! Le estás poniendo demasiado. Es un deseo como cualquier otro y de los que todos tenemos con frecuencia.
  • No es así, Gabriela, cuando un deseo está afectando tu vida presente.
  • Mi vida no está siendo afectada, soy la misma de siempre. Sólo que estoy conociendo mejor a mis amigos y parientes, a esos que no te ayudan cuando tienes un proyecto para pasarlo bien en tus vacaciones.
  • ¿Te fijas que tu deseo está afectando tus relaciones?
  • No, solamente estoy conociendo bien a mi gente.
  • Gaby, tu sabes de lo que te hablo, lo hemos hablado tantas veces. Estás resistiéndote a la imposibilidad de un deseo insatisfecho.
  • Todos tenemos con frecuencia deseos insatisfechos.
  • Efectivamente, pero los que amamos nuestra vida no dejamos que esos deseos imposibles nos arruinen el presente. La vida es mucho más valiosa que un deseo insatisfecho.
  • Pero estoy aceptando esa imposibilidad.
  • De mala gana, amiga mía. Los amigos no se desperdician por un capricho. Todos nos necesitamos unos a otros. No le quites la luz de tu mirada a todos nosotros. Nadie se merece perderte o perder parte de tu encanto natural.
  • Como de costumbre me has dejado pensando, querido Pepe.

 

Acercaba su rostro para despedirse de mi.

 

La vi alejarse con su elegancia natural de siempre y al volverse para un último guiño sus ojos me dijeron que parecía haber entendido.

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