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#Preguntas para #autobservarme y #aprender de mí.

¿Mientras me mienta no podré mantenerme atento a mí mismo?

Comentario de José Parés Pérez. Concepción, Chile

Nuestra mente puede poner atención a una sola tarea entre hacer, pensar y sentir. Podemos realizar algunas de estas actividades simultáneamente con otras, pero algunas serán realizadas en forma automática, es decir, sin participación intencionada de nuestra atención. Podemos pensar con intención mientras comemos, caminamos o hacemos una tarea repetitiva ya aprendida; podemos sentir con intención mientras realizamos cualquier actividad.

No podemos sentir y pensar simultáneamente. Pasamos de una a otra de estas dos actividades con gran facilidad intencionada o distraídamente. El pensar tiene una característica interesante pero peligrosa: recurriendo a la memoria y a la capacidad de análisis de nuestro cerebro, puede pasearse por el tiempo y situarnos en cualquier lugar. Nos permite imaginar y ensoñar como también, temer y ansiar. El prensar nos saca de nuestra realidad en el momento presente.

Hay una completa participación en estas actividades creativas de nuestro cuerpo emocional. Nuestra emociones acompañan a nuestra imaginación al igual que si estuviéramos sintiendo lo imaginado.

Esta es nuestra realidad. El pensamiento puede crearnos serios conflictos emocionales. Ante el dolor podemos llegar al sufrimiento; ante el deseo podemos llegar a la ansiedad; ante el temor podemos llegar a la angustia.

Y todo eso porque hemos decidido pensar o porque nos dejamos llevar por el pensamiento compulsivo o divagante. Nos estamos mintiendo porque ni el recuerdo ni lo temido existen aquí y ahora.

Ni la ensoñación ni la esperanza son reales. En el mejor de los casos son “mentiras piadosas” que nos sacan del presente y casi siempre, como producto de nuestras creencias.

La única forma de evitarnos esos conflictos generados por nuestro pensamiento es vivir atentos intencionadamente a nosotros en el aquí y ahora. Y la forma de lograr eso es atender a lo que sentimos y si nuestra actividad profesional es pensar, pues atender también a la presencia del pensamiento en el momento presente. Sin proponérnoslo, por esta vía, dejaremos de mentirnos, cosa que hacemos con más frecuencia de lo queremos aceptar.