fbpx

¿El silencio integra?

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a vivir en el ruido. Ruido exterior y ruido interior. Cuando encontramos silencio externo muchos nos sorprendemos de la cantidad de ruido interior que “aparece”. Si. A veces no nos damos cuenta de que eso siempre está ahí, pero que vive tapado por el ruido de las conversaciones, del trajín, del quehacer, de las relaciones, etc. El ruido interno puede pasar desapercibido en esa cantidad de horas en las que estamos en el afán del “hacer”.

¿Qué pasa por la noche? El ruido externo baja y el interno se hace muy evidente, incluso se magnifica. Si tenemos preocupaciones ni te digo la película que se forma. Tiene vida propia y no deja de producir imágenes como en una película un poco loca, donde los temores toman distinta formas.

A veces el ruido no tiene que ver exactamente con temores. Hay quién dice que una música en la cabeza no le deja descansar hasta que ya está agotado.

En algunas ocasiones, sin embargo, baja el ruido interior y podemos sentir de inmediato relajación muscular, y hasta una agradable paz. Esto se afinca aún más si estamos días en silencio en un lugar poco distractivo. Los pensamientos se calman y dejan de proyectar imágenes que nos lleven a hacer cosas. En ese estado, poco a poco, van aflorando  un nuevo orden de prioridades. Lo que es importante y lo que no lo es tanto o nada importante, pero a lo que le dábamos un gran valor y poder sobre nosotros.

El silencio es integrador. Ayuda mucho a ordenar lo que es importante. No desde la cabeza, no haciendo un balance intelectual sino con todo e cuerpo comprometido en esa ordenación saludable de lo importante. El silencio, en este sentido, integra los contenidos que pueblan nuestra conciencia y les da un lugar donde ya dejan de chocar y se integran con lo demás. Ahí comienza la paz, la paz de verdad. EL silencio ayuda a integrar-nos. El ruido nos des-integra!

Cuídate del ruido. Cuida tu ruido, dándole espacio al silencio.

Te propongo que hoy te tomes algunos momentos en los que prestes atención a los pensamientos que pasan errantes por tu mente. Adopta la actitud de alerta relajada de un leopardo que otea lo que aparece por su horizonte y calibra si eso le interesa o no.  Sólo observa lo que aparece, sin prisa, como cuando en el cine, miras la pantalla negra antes de que empiecen las imágenes. Aprende a ver lo que piensas y a dejarlo pasar sin que te arrastre en sus sugestivas imágenes. Observa lo que aparece y elige dejarlo pasar. Es una forma de acercarte al silencio saludable.  Que te vaya bien!