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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Esteban Rojas

 

Consideraciones acerca de un concepto de conciencia

 

Apelamos al concepto de consciencia aun sabiendo que sus innumerables definiciones, que revelan nuestro profundo desacuerdo e ignorancia sobre la naturaleza humana, podrían prestarse a más de un malentendido. Al adoptar su uso, entre nosotros, lo hicimos buscando la sencillez y contundencia de su experiencia en el marco exclusivo del tiempo presente. De esta forma consideramos a la consciencia como a la experiencia vivida en el presente, capaz de dar sentido a lo que percibimos a través de nuestros sentidos y merced a la que valoramos el alineamiento de nuestras intenciones y conductas con el respeto a la vida.

 

Al localizar la experiencia de la consciencia en el presente la diferenciamos de los procesos de los pensamientos, cuyos juicios y valoraciones siempre se nutren de los estímulos que ya han pasado. Desde este punto de vista la experiencia de la consciencia nos permite aprehender el presente mientras que las valoraciones del pensamiento nos permiten evaluar e interpretar algo que ya es pasado.

 

Circunscribir la experiencia de la consciencia al instante de la vida reduce la distorsión que proporcionan las creencias a los pensamientos. Aunque nadie dude de la esencial contribución del pensamiento a la evolución humana, éste siempre está supeditado a los sistemas de creencias, por lo que funciona muy bien dentro de sus límites pero resulta un factor de resistencia cuando lo que se precisa cambiar es el sistema mismo. Cuando precisamos interpretar lo que sucede para tomar una decisión, utilizamos al pensamiento para sacar nuestras conclusiones. Lo cierto es que en general desconocemos otra forma de actuar. Mientras los resultados que obtengamos sean proporcionados a nuestras necesidades y expectativas, todo funcionará bien.

 

Mientras funcione el sistema de creencias que modela nuestra forma de interpretar las experiencias, aparentemente no habrá problema. La dificultad surgirá cuando nuestro sistema sea incapaz de proporcionarnos un enfoque acertado, y nuestras decisiones más elaboradas y bien intencionadas se demuestren incapaces para producir los resultados que necesitamos. Aquí el pensamiento se mostrará como una herramienta limitada, demasiado condicionada como para proporcionarnos una visión más amplia y novedosa. Aquí surge como imperiosa necesidad asumir la poderosa fuerza transformadora que desencadena la consciencia del presente.

 

Atender al instante que vivimos, sin juicios de pensamiento, aunque para mucha gente constituya algo inhabitual o desconocido, es una experiencia verdaderamente extraordinaria. Nos permite captar la experiencia misma de lo que vivimos con profunda atención, lejos de la distracción permanente de las divagaciones que acompañan nuestra vida. Cuando nos planteamos un cambio de modelo o de sistema, realmente no le estamos reclamando un cambio a la vida real, pues en ella el fluir del cambio no se detiene jamás; lo que realmente pretendemos plantearnos es un cambio en la forma de pensar que nos impide representarnos la realidad de forma ajustada, perjudicándonos y confundiéndonos.

 

Atender al presente nos permite aprehender la realidad que estamos percibiendo. Cuanto más centrada y clara sea nuestra atención a lo que vivimos, mayor será nuestra consciencia de la experiencia misma. Podremos captar y representarnos la experiencia que llega a nuestros sentidos con mayor posibilidad de comprender la experiencia en sí, más allá de la interpretación condicionada con la que el pensamiento la interpreta. En la estremecedora sencillez de lo que acabamos de describir reside una de las mayores oportunidades para la transformación de las personas y las organizaciones. En la práctica diaria del desarrollo de la conciencia del presente, podemos encontrar una fuente de flexibilidad ante el cambio y de innovación natural, pues esta práctica nos permite captar lo que el pensamiento modelado por las creencias es incapaz de percibir

 

 

Un saludo,

 

 

Esteban