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Preguntas para autobservarme y aprender de mí.

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

 

La humanidad ha avanzado mucho gracias a las investigaciones científicas. Nadie duda de que un científico va a afirmar algo sin haberlo comprobado antes varias veces.

 

Sin embargo, cuantos no solemos afirmar cosas sin tener muy claro que sea cierto. Sobre todo en los últimos 20 años, gracias a la velocidad de la información aparecen con toda rapidez bulos acerca de cualquier cosa, estamos dispuestos a creer lo que nos cuentan siempre que sean afines a mis creencias. Si soy de derechas y hablan de la corrupción de algún personaje de izquierdas, no hace falta que me lo demuestren; estoy dispuesto a comprarlo. Lo raro sería que de inmediato pida que me den datos fehacientes de que eso es así; donde se publicó; cual es la fuente de la noticia; que documentos lo avalan; estarán manipulados?

 

Creer sin dudar siempre es muy fácil; mucho más fácil que dudar y cuestionar la veracidad de un comentario. Así, convertimos muchas ideas en sólidas creencias, sólo por la pereza de no cuestionarlas antes de tragármelas. De esa pereza salen las creencias más disparatadas o ingenuas, como, por ejemplo, que la huelga a la japonesa existe; que la muralla china se ve desde el espacio; que la tierra es plana y que está en el centro del universo.

 

Aunque no reconozcamos nuestras propias ingenuas creencias, si somos capaces de extrañarnos de las creencias de pueblos o personas muy distintos. Así, nos parece extraño que alguien crea que una enfermedad está producida por un mal espíritu o que otros entran en contacto con su dios tras bailar incansables durante horas. Eso nos parece raro y hasta increíble. Pero no somos capaces de fijarnos un poco en nosotros y observar todo lo que creemos y nunca nos hemos detenido a verificar.

 

Y cuidado, que tenemos creencias sobre cualquier cosa, empezando por lo que creo de mí, y siguiendo por todo tipo de cosas hasta el origen de la vida. Parece que de todo tenemos que “saber”, que nos resistimos a detenernos y preguntarnos si eso que creemos puede ser un error, una falacia, una mentira, una interpretación sesgada o malintencionada, un anacronismo.

 

Nos gusta estar seguros de todo y, por eso, preferimos creer que sabemos. Nuestro temor a la incertidumbre nos lleva a aceptar creer en aquello que nos produce una firme seguridad de saber cómo son las cosas.

 

Pero… podemos estar equivocados. Mejor no ser perezosos y cuestionarnos todo eso que decimos creer y saber. Nos encontraremos más ligeros y dispuestos a aprender más en lugar de creer más.

 

¿Recuerdas cuando a una pregunta nuestra sobre el por qué de algo, nos respondían “porque sí”? Había que creer y no preguntar.  ¿Será que nos hemos acostumbrado a base de “porque síes”?

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