Consideraciones sobre la ilusión del tiempo

Esteban Rojas

 

El tiempo es un concepto de duración del movimiento que sirve para medir el desplazamiento en el espacio. Es útil para medir el desplazamiento de un avión alrededor del mundo y saber dónde se encuentra si vuela a cierta velocidad. Nos sirve para saber que corresponden a 2.000 vueltas de la Tierra alrededor del Sol, los 2.000 años que nos distancian del nacimiento de Jesucristo. Lo que valoramos, en ambos casos, es el movimiento del avión o de la Tierra y como va transformándose lo que nos rodea como manifestación de movimiento. De esta forma el tiempo es simplemente una forma de comprender la noción de movimiento.

 

Sin embargo no es el concepto de tiempo como movimiento el que ha marcado y aun determina la historia humana, si no otro tipo de tiempo, al que damos en llamar tiempo psicológico.

 

Cuando nos planteamos cambiar en algo que nos disgusta, cuando nos planteamos convertirnos en algo distinto a lo que somos no estamos hablando del tiempo del movimiento, estamos haciendo referencia al tiempo psicológico.

 

Nos planteamos dejar de ser lo que somos para premiarnos a nosotros mismos y convertirnos en lo que queremos llegar a ser.

 

Aunque las metas de mejora son razonablemente necesarias para cualquier persona, organización o sociedad y no estamos dudando de su importancia, es importante llamar la atención que detrás de la mayor parte de las propuestas de cambio se esconde a nuestros ojos un serio problema al que responde el tiempo psicológico: la negación de lo que somos y de la vida presente.

 

Todo lo que pensamos e imaginamos responde a lo aprendido en el pasado, por lo tanto cuando proyectamos un cambio lo hacemos condicionados por una sensación de la vida y de nosotros mismos que en realidad ya no existe.

 

El sistema del pensamiento se estructura en base a los datos proporcionados por nuestras experiencias del pasado, por lo tanto si nos planteamos ¿Quiénes somos?, el pensamiento nos responderá con una imagen que no es de hoy, es del pasado.

 

Nuestra atención se focaliza en el pensamiento que nos interpreta con sus recuerdos del pasado y no en las sensaciones que nos transmiten nuestros sentidos en el momento presente.

 

Imaginar el pasado que queremos cambiar orientados al futuro que nos promete lo que deseamos alcanzar, nada tiene que ver con el tiempo de la física o el tiempo del movimiento, tiene que ver con el tiempo que crea el pensamiento o tiempo psicológico.

 

La vida de la mayor parte de los seres humanos discurre en el estado de fantaseo del tiempo psicológico que vive comparando pasado a superar con futuro ansiado. Atrapados en él se pierde la capacidad de atender al presente, que es donde discurre el movimiento real de la vida. Atrapados en él cerramos el paso al flujo de novedades y cambios que nos propone el presente condicionados por la identificación con las interpretaciones soportadas en las creencias que arrastramos del pasado. Atrapados en él se pierden la creatividad y el verdadero sentido del cambio que solo discurren en el presente.

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