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¿Cómo cesar de resistirme a lo que rechazo de mí?

Contribución de Isabel Hernández Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, España

Seguro que hay cosas de ti que no te gustan. Quizás algo de tu aspecto, quizás alguna laguna económica o falta de estudios o reconocimiento social son algunos ejemplos.

Aunque no nos hayamos dado cuenta, todos tenemos una imagen ideal de nosotros a la que quisiéramos acercarnos. Una imagen construida bien con idea de agradar a los mayores cuando eramos pequeños,  bien con la intención de ser más atractivos para las relaciones con otras personas, ya sea como parejas o como amistades o también como forma de adquirir cierto prestigio social.

En esta lucha hay aspectos de uno que tratamos de disimular y hacer como que no existen. Sin embargo, dentro de nosotros tenemos una tensión y nivel de ansiedad que nace del temor al rechazo, porque nos creemos que no damos a talla y estamos lejos de ese ideal que nos promete tantas satisfacciones. Podemos terminar con una auto-estima baja, no nos queremos, no nos gustamos y eso es generador de mala salud mental  (nos deprime y pone ansiosos) y física. A lo largo del tiempo, si no afrontamos lo que nos pasa, la herida se profundiza y nos sentimos peor.

Visto con cierta perspectiva puede parecer una gran tontería. Querer ser algo distinto a lo que somos puede, incluso, no dejarnos ver grandes cualidades que tenemos y no vemos porque nos hemos acostumbrado a malquerernos,  a no mirarnos nunca con cariño.

Lo mejor es observar qué es lo que no te gusta. Sobre todo no te des discursos ni explicaciones. No te digas nada, sólo atiende a lo que sientes, a lo que se te ocurre pensar, a cómo te comportas. En lugar de ocultar lo que te disgusta, míralo con afecto, mírate con afecto, eso eres tú y no hay nada tan grave. El hecho no es lo grave, lo que te disgusta es la interpretación, la valoración que haces de ese aspecto de ti.  Afróntalo mirándolo a los ojos con cariño sin huir ni disimular nada. Relájate frente a eso que no te gusta. El valor que le das está en tu cabecita y lo puedes sacar de ahí de inmediato. Observa, siéntelo con afecto, siente con todo tu cuerpo cómo es tu valoración la que te pone mal, y suéltala, deja que se vaya esa valoración, respira y relaja todo tu cuerpo. Repite esto cada vez que te acuerdes. Es posible que si eres regular y no buscas el éxito inmediato de tu acción logres recuperar una parte de ti que antes considerabas un lastre. Disfruta de ti, no pierdas la vida echando de menos “algo”. Ese algo está en la calidad del paso que das cada día con afecto hacia ti.