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​¿CUAL es el COSTE de confundir la PALABRA con el HECHO?

Contribución de Isabel Hernández Negrín

Cuando pronuncias la palabra limón o imaginas un limón ¿estás saboreando, tocando, oliendo o contemplando el limón?

Entonces ¿es lo mismo la palabra-imagen que el hecho? Cierto, no es lo mismo. Y esa diferencia ¿qué importancia tiene?  Veamos. Cuándo conoces a una persona ¿no te haces una imagen de esa persona como una foto fija de ella? Esa imagen-recuerdo que tienes incluye todos los datos de todo tipo que recogiste de esa persona, incluidos tus propias interpretaciones sobre ella. Le pusiste una etiqueta y la metiste en la estantería de las cosas ya conocidas. ¿Volverás a mirar a esa persona con curiosidad y apertura?  Ahora ya la vas a ver a través de la imagen que ya tienes de ella. Y haga lo que haga esa persona, tratarás de que todo encaje en tu imagen de ella. No dudarás de tu imagen-recuerdo. Dudarás, como mucho, de ella. Esa persona, sea tu hijo, tu amiga, tu madre, tu pareja … pasará a ser un nombre, una palabra ligada de aquella imagen. 

¿Tú has permanecido inmutable a lo largo de tu vida? No creo. ¿Algunas personas, sin embargo, te ven como cuando te conocieron hace tiempo? Seguramente. Siendo así ¿crees que está actualizada la imagen que tienen de ti? ¿Crees que una imagen/palabra, aunque sea actual, es tu viva realidad?  No es posible ¿cierto?

Entonces ¿No será importante darse cuenta de que siempre nos relacionamos con todo/s a través de las imágenes/palabras con las que representamos los hechos? Pero ¿la palabra es el hecho?

Fijate hoy, a lo largo del día, si observas los hechos vivos o si los ves como una foto-recuerdo que ya tienes de ellos. Hablo de tu memoria, de algo antiguo y sesgado, teñido por la propia biografía y educación.

La palabra no es el hecho. Observa lo que quiere decir eso en tu propia experiencia. Suerte!