2000 Ubicarse en el presente. Tercera disciplina

«Para nosotros, físicos convencidos,
el tiempo es tan solo una ilusión»

Einstein

4-1 El tiempo de la ilusión

El tiempo es un concepto de duración del movimiento que sirve para medir el desplazamiento en el espacio. Es útil para medir el desplazamiento de un avión alrededor del mundo y saber donde se encuentra si vuela a cierta velocidad. Nos sirve para saber que corresponden a 2.000 vueltas de la Tierra alrededor del Sol, los 2.000 años que nos distancian del nacimiento de Jesucristo. Lo que valoramos, en ambos casos, es el movimiento del avión o de la Tierra y como va transformándose lo que nos rodea como manifestación de movimiento. De esta forma el tiempo es simplemente una forma de comprender la noción de movimiento.
Sin embargo no es el concepto de tiempo como movimiento el que ha marcado y aun determina la historia humana, si no otro tipo de tiempo, al que damos en llamar tiempo psicológico. Cuando nos planteamos cambiar en algo que nos disgusta, cuando nos planteamos convertirnos en algo distinto a lo que somos no estamos hablando del tiempo del movimiento,  stamos haciendo referencia al tiempo psicológico. Nos planteamos dejar de ser lo que somos para premiarnos a nosotros mismos y convertirnos en lo que queremos llegar a ser.  Aunque las metas de mejora son razonablemente necesarias para cualquier persona, organización o sociedad y no estamos dudando de su importancia, es importante llamar la atención que detrás de la mayor parte de las propuestas de cambio se esconde a nuestros ojos un serio problema al que responde el tiempo psicológico: la negación de lo que somos y de la vida presente. Todo lo que pensamos e imaginamos responde a lo aprendido en el pasado, por lo tanto cuando proyectamos un cambio lo hacemos condicionados por una sensación de la vida y de nosotros mismos que en realidad ya no existe. El sistema del pensamiento se estructura en base a  los datos proporcionados por nuestras experiencias del pasado, por lo tanto si nos planteamos ¿Quiénes somos?, el pensamiento nos responderá con una imagen que no es de hoy, es del pasado. Nuestra atención se focaliza en el pensamiento que nos interpreta con sus recuerdos del pasado y no en las sensaciones que nos transmiten nuestros sentidos en el momento presente. Imaginar el pasado que queremos cambiar orientados al futuro que nos promete lo que deseamos alcanzar, nada tiene que ver con el tiempo de la física ó el tiempo del movimiento, tiene que ver con el tiempo que crea el pensamiento o tiempo psicológico. La vida de la mayor parte de los seres humanos discurre en el estado de fantaseo del tiempo psicológico que vive comparando pasado a superar con futuro ansiado. Atrapados en él  se pierde la capacidad de atender al presente, que es donde discurre el movimiento real de la vida. Atrapados en él cerramos el paso al flujo de novedades y cambios que nos propone el presente condicionados por la identificación con las interpretaciones soportadas en las creencias que arrastramos del pasado. Atrapados en él se pierden la creatividad y el verdadero sentido del cambio que solo discurren en el presente.

Negarse a si mismo es una indudable fuente de perturbación y sufrimiento. Pues eso es lo que hacemos cuando perdemos «la atención a la sensación presente de nosotros mismos» para interpretarnos desde los «ojos del pensamiento» que nos miran desde las sombras del pasado ya desaparecido. Al perder la atención al presente y volcarnos a soñar un futuro que nos redima del pasado que queremos superar, rehuimos la responsabilidad de asumir las raíces de los problemas del pasado que nos perturba.  Una responsabilidad que solo se puede asumir y resolver con atención al presente. Nadie duda de ésta siniestra dinámica. La mayor parte de la gente ha terminado por reconocer a la experiencia de pasado  y futuro como si fuesen algo natural, como si existiesen más allá de su propio pensamiento. Atender el presente nos da la posibilidad de asumir lo que nos está ocurriendo aceptando los problemas que le acompañan. Centrarnos en el presente nos permite profundizar y conocer la raíz de las dificultades sin caer en su negación al buscar su compensación en sueños de futuro. Cuando ciframos nuestros planes de cambio en la dinámica del tiempo psicológico, los motivos que nos impulsan son compensatorios. Bajo este modelo no es posible cambiar los problemas que el modelo genera. Soñamos las metas rehuyendo la raíz de los problemas que precisamos superar, por lo que en realidad conservamos nuestras dificultades y en muchos casos terminamos por multiplicarlos. Cualquier cambio efectivo ha de superar la raíz de los problemas, no compensarlos.

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Seguramente la especie humana antes de evolucionar su comunicación por intermedio de la palabra tenía una capacidad de percibir lo que le rodeaba, útil para su supervivencia pero con una conciencia pobre y difusa. Fue el desarrollo del lenguaje y la elaboración creciente de conceptos  el que impulsó al ser humano a ordenar su experiencia y a desarrollar su conciencia sobre si mismo y su entorno. Es a través del lenguaje, que distorsionamos lo que percibimos, poniendo distancia entre lo que hemos captado a través de nuestros sentidos respecto a lo que nos terminamos representando en nuestra conciencia. Es con el lenguaje que el hombre crea su concepto del tiempo y del espacio buscando referencias que le permitan ordenarse respecto al desplazamiento de aquello que le resulta importante a lo largo de su existencia. Los conceptos de pasado, presente, futuro y eternidad se han desarrollado durante miles de años de nuestra historia como coordenadas que han servido para ajustar los sistemas de creencias de cada época. Así el concepto del tiempo determinado, sin opciones de los griegos, dio cabida a la idea del destino de un hombre atrapado por lo inevitable de los ciclos que se repiten interminablemente en el Universo. Judíos y cristianos convierten al tiempo en una escala de la peregrinación de la vida hacia el futuro de la redención y dan cabida a la visión de la esperanza como norte de su cultura. Newton, ayuda a construir una visión del tiempo donde podemos controlar los resultados por considerarlo una magnitud predecible. Lo convierte en un valor matemático, absoluto y objetivo, que discurre uniformemente a través del tic tac del reloj, donde todos los minutos son iguales, uniformes y predecibles. El «tiempo del reloj»  representa una visión mecánica del mundo donde el movimiento de los planetas o los ecplises se vuelven predecibles en un Universo determinado y en orden. Es un concepto del tiempo repetitivo, sin opciones, ni espacio a la creatividad.

Einstein describió al tiempo y al espacio como a la cuarta dimensión de la realidad y aclaró que el hombre es el arquero del Universo, el que pone la flecha del tiempo, y que la distinción entre presente, pasado y futuro es solo una ilusión humana.  «Gente como nosotros», dijo,  «que cree en la física, sabe distinguir que el pasado, presente y el futuro es solamente una ilusión persistente»

Según la termodinámica nuestro Universo discurre de forma real e irreversible, del pasado al presente y del presente al futuro. Desde ella Ilya Prigogine (1988. El nacimiento del tiempo) propone desde la física de los sistemas alejados del equilibrio, un Universo abierto donde lo aleatorio y espontáneo convierten al tiempo irreversible en creación constante hacia la diversidad.
Es preciso aclarar que el misterio para la Física sobre la naturaleza del tiempo no invalida la experiencia humana del mismo, el tiempo psicológico. Compañera inseparable en la historia del hombre, el tiempo,  ha sido determinante para interpretar y dotar de significado su vida. El tiempo como poderosa visión ha condicionado y modelado todas las culturas humanas a lo largo de nuestra historia. Conceptos como el pasado, presente y futuro han constituido coordenadas para el conocimiento del devenir y la transitoriedad que han moldeado a lo largo de nuestra historia la cultura humana que podríamos calificar también, como la «cultura del tiempo».

No es indistinto lo que veamos y como lo veamos. Las visiones orientan nuestras vidas y las culturas de nuestras sociedades. La visión del tiempo como destino de los griegos modelo su cultura y orientó sus pasos. La visión de esperanza del judeocristianismo puso como referencia a la expectativa de redención en el futuro, más allá del presente vivo. La visión mecanicista de Newton, que subordina el hombre al tiempo ha modelado la cultura de las sociedades hijas de la revolución industrial, generando ansiedad y estrés en sus pobladores. Frases tan familiares y recurrentes en nuestras sociedades como «time is money», y «do it now», orientadas a movilizarnos hacia una feroz competencia por los recursos o las oportunidades, dan una medida de la actual percepción  que tenemos del tiempo, como variable controladora de nuestra transformación. Un tic – tac  mecánico, y además externo a nuestra naturaleza va siguiéndonos los pasos en interminable y estresante persecución. Lo curioso de esta situación es que el tiempo, una magnitud subjetiva e ilusoria termina tomando las riendas y con ellas el control del único recurso que tenemos realmente posibilidad de controlar (nuestras propias vidas). Cualquier cambio cultural profundo que nos planteemos asumir, conllevará una visión del tiempo que condicionará nuestra vida.
Aristóteles, hace 2400 años atrás, valoró en su tratado sobre la Física, a la experiencia humana del tiempo como a una gran paradoja, donde nuestra experiencia del tiempo como pasado, no existe, y la experiencia del futuro, aún no existe todavía. La visión de lo que nos sucede en términos de pasado, presente y futuro es solo una representación de nuestra mente.

El tiempo no existe, es solo una ilusión de nuestra mente. Tiempo y mente son indisolubles.

Cuando nos identificamos con la mente nos dejamos atrapar por la ilusión llamada tiempo. Usar calendarios, relojes o agendas tiene sentido para organizarnos dentro de la cuarta dimensión, y planificar con eficacia un viaje de un sitio a otro por ejemplo, sin embargo no justifica el terminar condicionando nuestra existencia por el tiempo pasado y  cifrar nuestras vidas en desear el futuro que no existe, dinámica que tanto sufrimiento y dependencia sicológica genera.

La vida reside en el presente, más allá de la ilusión mental del tiempo. Atender nuestro presente nos conecta con nuestra vida real, con el movimiento de la vida.

Es solo el hombre quien ve en su mente el espejismo de una historia pasada que experimenta de forma viva, así como de una visión del futuro en el que experimenta temor o esperanza.  La experiencia humana del tiempo anterior y posterior, el tiempo psicológico,  es solo una ilusión individual. Dos personas que compartan una travesía en barco seguramente tendrán una apreciación distinta de la duración de la experiencia, que dependerá no solo de sus diferentes cualidades personales, sino de sus diferentes condiciones mentales a lo largo de la travesía. La duración del tiempo como experiencia humana es individual y subjetiva. Aceptar esta revaloración del tiempo en términos sociales y educativos puede constituir una profunda transformación para la cultura humana. Implicaría diferenciar al tiempo en tres aspectos destacables:

a-Como factor de alteración del pensamiento. Pensar en el pasado o en el futuro que no existen, nos hace perder la conexión con el tiempo donde fluye la vida: el presente. Consume buena parte de nuestras energías diarias, al nutrir nuestras dinámicas de divagación, que siempre van acompañadas por los estados de ánimo asociados a nuestros recuerdos del pasado o a nuestras esperanzas y temores futuros. El hombre alterado por la divagación es solo resultado de un estado interno, en el cual se pierde la conciencia de la propia vida al perder con facilidad la atención a su propio presente.

La sencilla propuesta de Eckhart Tolle (1997. El Poder del Ahora) resulta concluyente cuando nos invita a respondernos si:

¿Hemos experimentado, hecho, pensado o sentido algo fuera del momento presente?

Pregunta luego: ¿Piensas que los harás alguna vez? ¿Es posible que algo ocurra o sea  fuera
del ahora?

La respuesta es  evidente, ¿no es cierto?

Nada ocurrió nunca en el pasado; ocurrió en el ahora
Nada ocurrirá nunca en el futuro; ocurrirá en el ahora.»

b-Como fuente de claridad y sosiego en la medida que podamos mantener nuestra atención focalizada en el presente. El desarrollo de la atención al propio presente como disciplina facilitaría la superación progresiva de la divagación y sus dos contundentes perjuicios:

La alteración emocional fruto de la dinámica de imaginación compulsiva sobre imágenes pasadas y futuras que no existen en la realidad, y que terminan condicionando nuestras relaciones con los demás, al vernos afectados por estados emocionales que solo existen en nuestra mente.

La significativa economía de energía consumida en la divagación, que en muchos casos suele ser una de las principales fuentes de insumo.

c-Como fuente de conocimiento, donde el antes y el después puedan constituir referencias útiles para tomar decisiones en el presente. Esto exigiría desarrollar una disciplina del pensamiento que junto a una orientación sistémica, posibilite recuperar con agilidad la conciencia del presente en la vida, que suele perderse cuando hacemos uso de las herramientas del pensamiento.

Necesitamos aprender a discriminar y clasificar el origen de las señales que alimentan los procesos de pensamiento y orientan nuestras decisiones en: «señales objetivas» provenientes del mundo real en tiempo presente, y «señales subjetivas» provenientes de nuestra propia mente a partir de referencias de tiempo pasado o futuro. Sólo desde el presente podremos ver la realidad en su total dimensión  y pensar sistémicamente.

http://www.sense-tool.com/presente/presente.htm