2011/08 El valor de la atención a la vida presente

Voluntariado de Isabel Hernández Negrín y José Esteban Rojas

 Plan teórico practico de “promoción de la atención voluntaria al presente”

Centro socio sanitario del Pino. Planta 11.

Las Palmas de Gran Canarias- España

2011 Agosto

De niños tenemos una fuerte disposición a atender a todo lo que nos sucede o que nos rodea. Acompañados de esa ávida y abierta atención hacia todo lo que nos acontece se desarrollan nuestras primeras etapas de aprendizaje. Sin embargo, con los años, la atención disminuye dando paso a una vida ensimismada en la que se empobrece nuestra atención. Al llegar a esta etapa de la vida ¿que le ha pasado a nuestra atención y cómo este cambio ha terminado afectando a la sensación de nosotros mismos?

La atención vaga reactivamente de una imagen a otra, de una sensación a otra, en un movimiento compulsivo  al que llamamos “divagación”, que empobrece seriamente nuestra capacidad de aprendizaje, empatía y sosiego.
Y aquello a lo que llamamos “uno mismo”, se nos presenta “extraviado”, distante, como un objetivo a alcanzar. Por ello la vida, se convierte en un constante afán por establecer metas para “tener o ser”. Logros que, en el caso de alcanzarlos, creemos que nos permitirían encontrarnos y “ser felices”.

Una vida divagante discurre acompañada del estrés y la ansiedad que produce el experimentarse “extraviado”, buscándose. Cuadro que se retroalimenta con el afán de perseguir metas en las que ensoñamos “llegar a ser”.

Es importante destacar que al estar atentos al presente tenemos la impresión de que hemos llegado a la meta tanto tiempo perseguida. Cuando vivimos atentos, vivimos lo que somos. Somos concientes de lo que somos. Nos aceptamos tal como somos. Presentes, estamos en nosotros, no precisamos buscarnos.

Viviendo presentes crecen el sosiego, la armonía y la paz interior.

Por ello consideramos que en cualquier nivel de conciencia o de satisfacción de las necesidades en el que se encuentre una persona, si esta logra sostener atención a la experiencia que vive, es posible alcanzar  la armonía concomitante por vivir el presente. Por ello nos parece que tiene sentido desarrollar un plan de estimulación que considere trabajar con personas dementes, y que nos permita enseñarles como vivir en el presente. Todo esto con el objetivo de ayudar a la superación de la ansiedad y el estrés que acompañan al vivir divagando.

Puede que el trabajo de la atención al presente, con personas dementes, no supere al logro de la armonía que produce vivir circunstancialmente el presente. Puede que el trabajo de la atención al presente, con personas dementes, no les permita alcanzar niveles de atención como el de la auto-observación.  Nivel de atención necesario para experimentar que lo que me represento no corresponde a lo que percibo (y que me permite comprender que mis valoraciones tienen que ver solo conmigo y no con el estimulo que las produjo). Sin embargo estamos persuadidos de que trabajar con ejercicios de atención al presente nos permitirá proporcionar a los pacientes experiencias de sosiego y armonía que contribuirán a la mejora de su calidad de vida y a la de su entorno.