2012/12 Reflexiones sobre la atención.

El Gran Juego de la Vida Atenta

 Voluntariado de Isabel Hernández Negrín y José Esteban Rojas

Plan teórico practico de “promoción de la atención voluntaria al presente”

Centro socio sanitario del Pino. Planta 11.

Las Palmas de Gran Canarias- España

El refugio de paz del pensamiento es la atención. Lo cierto es que muchas de las propiedades de la atención han pasado desapercibidas a lo largo de la Historia Humana. De haber sido de otra manera, el egoísmo que tanto sufrimiento ha generado, habría dado paso al sosiego y a la paz que acompañan a la atención al presente.

La vida humana suele discurrir divagando. La vida se nos pasa “columpiándonos” entre los pensamientos que nos evocan al pasado que no existe y los pensamientos con los que imaginamos el futuro que tampoco existe. Así, distraídos  se nos escapa la única vida que existe, la que discurre en el presente. Si vivimos divagando nos perderemos la vida.

La distracción es un falso refugio para la paz pues la ansiedad que acompaña a la divagación sin freno, esta llena de temores e inseguridad y estos nos llevan a desarrollar conductas egoístas que nos encierran.

Dejemos claro que la divagación, aunque es una expresión compulsiva del pensamiento, no es la única forma de expresión del mismo. La divagación es el resultado de un mal uso de esa maravillosa herramienta que nos ofreció la evolución: el pensamiento. Si el objetivo de la evolución de la vida es contribuir a su preservación, el uso apropiado del pensamiento ha de estar a favor de ella y no amenazar su subsistencia. La divagación nos enferma de ansiedad,  nos aísla del mundo, y abona el terreno del egoísmo  por lo que no es una buena elección abandonarse a la divagación.  Abandonarse a la divagación es una elección inadecuada e inmadura desde el punto de la vida pues nos perjudica a nosotros mismos y a aquellos que nos rodean.

Vivir atentos al presente nos rescata de la conducta  inmadura que comporta la divagación. Vivir atentos al presente nos rescata de enfermar por ansiedad y nos evita que contagiemos a los demás.

Si aprendemos a centrarnos en el momento presente, comprobaremos como mejoran la comunicación con los demás y con nosotros mismos, a la par que crecen el sosiego y la paz dentro de nosotros mismos. Vivir en el aquí y ahora nos llena de la empatía con la que la vida busca sobrevivir. Vivir divagando pone en peligro nuestra existencia pues la divagación nos aleja del presente y de los demás. La divagación nos encamina al aislamiento y con ello a la búsqueda de falsas soluciones a los miedos y temores que produce el aislamiento.

Divagando nos perdemos la vida. Pensando involuntariamente en recuerdos o en ensueños nos perdemos vivir la vida que nos rodea, para hacerlo encerrados en el estrecho cajón de los recuerdos. Vivir distraídamente es huir de la vida, huida que se interrumpe cuando atendemos el presente y aceptamos lo que estamos viviendo.

Vivir aquí y ahora nos da la posibilidad de vivir aprendiendo pues nos permite escucharnos y escuchar a los demás, sin juicios ni prejuicios. La atención al presente nos pone en contacto con las sensaciones de nuestro cuerpo, con nuestras emociones, sentimientos y pensamientos aceptándolos tal como se nos presentan. La atención al aquí y ahora nos permite ver con empatía las diferentes interpretaciones del mundo que tienen otras personas. La atención al presente nos permite escuchar a los demás con los cinco sentidos, sin juicios preconcebidos. Descubrir el espacio que nos rodea y que los colores se vuelven más  luminosos y los sonidos se hacen más claros.

Mantenernos atentos al presente requiere práctica  y asumir voluntariamente el esfuerzo que este nos demanda. Vivir nuestras jornadas atentas/os a alguna sensación del cuerpo mientras hacemos lo que necesitamos hacer es una práctica sencilla. Podemos atender a alguno de nuestros puños, o a la nariz allí donde inhalamos y exhalamos, o a la sensación de la posición de nuestro cuerpo. Lo importante es que mantengamos “encendida la atención” a lo que estemos viviendo. Ella nos proporcionara la paz de la armonía y el sosiego que le son propias. Es importante aclarar que en la medida que crezca nuestro tiempo diario de atención, descubriremos la creciente repercusión que tiene en nuestra vida.

Un desarrollo sano y sostenible de nuestra vida requiere que vivamos con armonía. Y esta no existe cuando vivimos divagando, pues la divagación produce y alimenta la ansiedad y esta  los temores y la sensación de inseguridad. La armonía se nos presenta como la satisfacción de una necesidad superior. Cuando satisfacemos las necesidades básicas  fisiológicas  y de seguridad empieza a surgir con fuerza creciente la demanda de satisfacer la necesidad de armonía, de paz interior. No es lo mismo tratar de satisfacer las necesidades de relación con los demás y con nosotros mismos desde la condición ansiosa y egoísta que conlleva el pensamiento compulsivo, que satisfacerlas desde el sosiego que aporta la atención al presente. Cuando satisfacemos las necesidades de relación con los demás y con nosotros mismos, en  armonía, es porque nuestra conducta se alinea a los valores de la vida (como la honestidad, la humildad, la tolerancia, la aceptación, la gratitud, etc.).

Vivir de acuerdo con la armonía nos llena de un profundo gozo que algunos dieron en llamar Autorrealización. Para crear condiciones de armonía o Autorrealización para nuestra vida es preciso el aprender a vivir atentos al presente.