2011/12 Reflexiones acerca de la madurez en los actos y actitudes de la Vida

El Gran Juego de la Vida Atenta

 Voluntariado de Isabel Hernández Negrín y José Esteban Rojas

 Plan teórico practico de “promoción de la atención voluntaria al presente”

Centro socio sanitario del Pino. Planta 11.

Las Palmas de Gran Canarias- España

Vivir es el propósito de la Vida, por lo que toda acción o actitud que perjudique su existencia es una acción o actitud “inmadura” desde el punto de vista de la Vida. La “madurez”, desde el punto de vista de la Vida,  la reconoceremos en las acciones o actitudes que contribuyan a su salud y supervivencia.

El esfuerzo intencionado, que podemos hacer, por vivir “atentos al presente” corresponde a una actitud “madura” pues al vivir atentos al presente crecen nuestra armonía y sosiego  y con ello la salud que fortalece a nuestra vida. Es importante resaltar que estos beneficios no quedan solo en nosotros, sino que alcanza a aquello y aquellos que nos rodean.

Abandonar nuestra vida a la divagación es hacerlo a la ansiedad. Al divagar nos aislamos de la vida, encerrándonos en “la caja” de imágenes que  impulsan nuestros recuerdos.  Al aislarnos  desaparece la empatía que precisamos para conectarnos de forma significativa con nosotros mismos, con el mundo y con nuestro prójimo. Cuando se apaga la empatía, quedamos aislados y dejamos de relacionarnos con los demás para empezar a hacerlo con “la imagen que tenemos de los demás”, con “la imagen que tenemos del mundo y la naturaleza”. Aislados de la Vida por la divagación perdemos el sosiego interior y creamos las condiciones en las que crecen  los temores y la ansiedad.  La inseguridad que acompaña al aislamiento que produce la divagación termina desarrollando ensueños egoístas que traten de compensar la angustia de quedar aislado. En la medida que se refuerza el egoísmo, acto egoísta a acto egoísta, crece nuestro aislamiento en “la caja” de imágenes que  impulsan nuestros recuerdos.

Cuando se dan estas condiciones comenzamos a enfermar sicológica, emotiva y físicamente. Por todo ello decimos que ya sea de forma consciente o por omisión vivir divagando corresponde a una actitud “inmadura” desde el punto de vista de la Vida.

Por ultimo querríamos resaltar que no existen hombres maduros o inmaduros, desde el punto de vista de la Vida, solo acciones o actitudes maduras o inmaduras. Cualquier persona habitualmente “madura” ha tenido en su vida acciones y/o actitudes “inmaduras”, de la misma manera que  cualquier persona habitualmente “inmadura” ha tenido en su vida acciones y/o actitudes “maduras”.